La historia de Kãyãdjua [The story of Kãyãdjua]. Foto de Liça Pataxoop, s. f.

(English translation below)

Muchos saben que el pau-brasil es una especie en peligro de extinción, pero pocos conocen sus historias de resistencia. ¿Qué se pierde, al fin y al cabo, con la extinción de una especie? ¿Qué implican las actividades humanas que la amenazan o, por el contrario, las que actúan en su conservación? ¿Qué alianzas y cuidados multiespecificos son posibles para reubicar y reforestar mundos amenazados? A partir del diálogo entre una antropóloga, un botánico, y un artista visuales, bozaremos algunas de las historias de destrucción y re-existencia del pau-brasil, que nos enseñan cómo vivir y morir en tiempos de crisis.

Imagen 1 - Avô da Mata (Paubrasilia echinata). Foto de José Diniz, Assentamento Pau-brasil en Itamaraju (BA), 2024.

Ibirapitanga, como lo conocen los pueblos de habla tupí, significa “árbol rojo”. El nombre refleja la principal característica por la que se reconoció inicialmente al árbol: el color rojizo de su madera, de la cual se extraía un tinte que en el siglo XVI fue muy codiciado por los europeos. El rojo oscuro es también el color que tiñe el amarillo intenso de las flores, para guiar abejas, mariposas y otros visitantes ocasionales hacia el néctar. De las semillas esparcidas por el suelo – las que se escapan a la depredación de pequeños mamíferos y pájaros–, nacen nuevos plantones que, al rededor del “árbol madre”, conforman comunidades de numerosas plántulas hijas y nietas.

Imagen 2 - Florescência, Projeto Paubrasilia. Foto de José Diniz, 2023.

El pau-brasil es un árbol de la familia de las leguminosas (Leguminosae, también conocida como Fabaceae), endémico de la Mata Atlántica. El linaje evolutivo del pau-brasil es muy antiguo y se desarrolló de forma aislada de otros parientes cercanos, originándose entre 50-45 Ma, en el Eoceno (Gagnon et al., 2019). La especie es, por tanto, una superviviente de los numerosos cambios climáticos que ha sufrido el planeta. Se especula que estuvo ampliamente distribuida en la costa atlántica durante el periodo del último máximo glacial, adaptándose a suelos secos y climas más áridos. En la transición del Pleistoceno al Holoceno, cuando el ambiente se volvió más cálido y húmedo, la selva tropical avanzó por toda la costa brasileña. Desde entonces, el pau-brasil pasó a vivir principalmente en bosques relictos, restringidos a los restos de floresta estacional en las tierras bajas costeras.

En 1785, el naturalista Lamark identificó la especie como Caesalpinia echinata debido a la corteza espinosa del fruto. Más recientemente, en 2016, la especie fue renombrada y clasificada en un género exclusivo: Paubrasilia echinatta. Hoy, sin embargo, los que se conocen como “pau-brasil” son mucho más. Los estudios avanzados de secuenciación genética han identificado cinco linajes actualmente reconocidos, todos ellos presentes a lo largo de la Mata Atlántica: el pau-brasil del Nordeste, cuya distribución se extiende desde Rio Grande do Norte hasta Alagoas; el pau-brasil de hoja de ruda del Sudeste, exclusivo del estado de Río de Janeiro; el pau-brasil de hoja de café, característico de Espírito Santo; el pau-brasil de hoja de ruda de Bahía; y el pau-brasil de hoja de naranja, nativo del sur de Bahía (Rees et al. 2023).

Nombrar algo, sugiere Stengers (2013), no es un proceso neutral, puramente descriptivo o lingüístico, sino un acto de poder que revela cómo nos relacionamos con el mundo. En la ciencia, la política y la vida cotidiana, quién tiene derecho a nombrar posee la facultad también de determinar qué historias y conocimientos quedan marginados e invisibilizados en la práctica taxonómica. Así que, redefinir las formas con la cuales nombramos, a la vez implica repensar formas de relacionarnos que reconozcan la diversidad de perspectivas y la coexistencia plural de distintos saberes.

El primer acto de los portugueses fue talar un árbol y con él plantar una cruz en el suelo. A la catequización siguieron la explotación del pau-brasil y de los indígenas que lo talaban y transportaban. Del valioso y raro tinte se extraían distintos tonos de rojo, púrpura, escarlata y carmín, colores que simbolizaban al clero y la nobleza europeos. Pero el rojo, color de la braza y de la sangre indígena, también se convirtió en símbolo de la violencia que rotuló la “Costa de Brasil” o el color de la hecatombe socioambiental que afectó a la Mata Atlántica y a los pueblos nativos en 1500, que bien podría llamarse de “Rubroceno”.

Imagen 3 - Jornal do Brasil, Projeto Paubrasilia. Foto de José Diniz, 2022.

Pero, ¿cómo fue posible la explotación sin precedentes de un árbol hasta entonces desconocido, en medio de uno de los bosques con mayor biodiversidad del mundo? Los europeos no “descubrieron” el pau-brasil, aprendieron sobre èl y su uso solo gracias a la convivencia con los pueblos indígena y la apropiación sistemática de sus conocimientos y prácticas. En realidad, sabemos muy poco sobre estos conocimientos, que le pertenecen a los pueblos originarios, tanto del pasado como del presente. Sin embargo, aunque estas historias, fueron silenciadas, dejaron pistas entre los materiales sobrevivientes, para que algún día puedan ser contadas desde una perspectiva indígena y contrahegemónica.

Los vestigios arqueobotánicos sugieren que la madera del pau-brasil podría haber sido utilizada por los indígenas como leña, y sus cenizas empleadas para la extracción de tinta. Los primeros viajeros y cronistas relatan, así como lo hizo Léry en 1578, que los Tupí utilizaban el pau-brasil en hogueras, en la fabricación de arcos y mazos, y en el teñido de plumas y fibras de algodón, como sería el caso de los mantos de los tupinambá.

El palo de Brasil es también un árbol que hace música. Las cualidades sensibles únicas de su madera lo hacen ideal para la fabricación de arcos de violín, lo cual revolucionó la música europea en el siglo XVIII. Hasta entonces confinada en los salones, la música clásica alcanzó, junto con el pau-brasil, las dimensiones de los grandes conciertos y orquestas. Sin embargo, muchos músicos y arqueros desconocen la proveniencia de la madera utilizada en la fabricación de los arcos; tampoco están conscientes de que, hoy en día, el contrabando representa la mayor amenaza para la sobrevivencia del pau-brasil. El futuro de la arquería y de la música clásica está, por lo tanto, ligado al futuro de esta especie, y viceversa.

Desde los años sesenta, en Brasil se han puesto en marcha diversos planes y acciones para conservar la especie, como la creación de reservas ecológicas, la siembra de plantones para reforestar zonas degradadas y las plantaciones comerciales para producir arcos. Aun así, pensar la extinción, la conservación y la restauración en el contexto de la sociodiversidad es apostar por las relaciones ecosistémicas, los territorios y los diversos regímenes de conocimiento: la Mata Atlántica, el pau-brasil y sus especies compañeras, los pueblos tradicionales y los agricultores familiares, así como los investigadores, músicos, artistas y arqueros, pueden ser poderosos aliados.

Es lo que nos cuenta, por ejemplo, el “Avô da mata” (Abuelo del bosque), el árbol ancestral de más de 500 años arraigado en una tierra devastada por la ocupación colonial. Durante mucho tiempo su existencia fue un secreto guardado por los agricultores del Asentamiento Pau-brasil, una forma de uso sostenible de la tierra conocida como Proyecto de Desarrollo Sostenible (PDS), quienes temían que fuera talado por madereros, y solo recientemente su historia y su ubicación fueron ampliamente divulgadas (Cardim 2018).

El Asentamiento Pau-brasil, formado por agricultores familiares en lucha por la reforma agraria, se encuentra en una antigua finca de cacao en el sur de Bahía, donde sus moradores practican la cabruca, un sistema agroforestal que se presenta como una alternativa sostenible al modo de producción de los antiguos “coroneles” del cacao, el cual entró en crisis tras el brote del hongo escoba de bruja en la década de 1990.

En la cabruca, el cultivo del cacao se integra en el bosque: los árboles nativos —muchos de ellos en peligro de extinción— proporcionan sombra y humedad que favorecen el crecimiento de los cacaoteros. Los colonos también recogen semillas para reforestar zonas degradadas: pau-brasil, jequitibá, jatobá, cedro, copaiba… ¡Bosque en pie! Un ejemplo vivo de cómo cultivar alianzas multiespecíficas y hacer florecer otros mundos en medio de las ruinas. O, como dijo un viejo tupinambá en un diálogo con Léry, ocurrido hace más de 400 años, sobre vivir y morir juntos:

En verdad – continuó el anciano, que, como verán, no era tonto – , ahora veo que ustedes, los otros maírs (franceses), son grandes locos, pues cruzan el mar y sufren grandes inconvenientes, como dicen cuando llegan aquí, ¡y trabajan tanto para amasar riquezas para sus hijos o para los que les sobrevivan! ¿Acaso la tierra que os ha alimentado no es suficiente para alimentarlos también a ellos? Tenemos padres, madres e hijos a los que queremos; pero estamos seguros de que después de nuestra muerte la tierra que nos ha nutrido también los nutrirá a ellos, así que descansamos sin más preocupaciones. (Léry 1961)

The Grandfather of the Forest

While many people are aware that pau-brasil is an endangered species, few are familiar with its story of resilience. But what is lost when a species becomes extinct? What are the implications of human activities that threaten it, or conversely, those that work towards its conservation? What multispecies alliances and care practices can be established to relocate and reforest threatened environments? In this dialogue between an anthropologist, a botanist, and a visual artist, we explore some of the pau-brasil's stories of destruction and re-existence, offering insights into how to live and die in times of crisis.

Figure 1. Avô da Mata (Paubrasilia echinata), Pau-brasil Settlement in Itamaraju (BA). Photo by José Diniz, 2024.

The Tupi-speaking peoples call it Ibirapitanga, meaning “red tree.” This reflects the tree’s initial recognition by its reddish-colored wood, from which a highly coveted dye was extracted by Europeans in the sixteenth century. This dark red color also tints the bright yellow of the flowers, guiding bees, butterflies, and other occasional visitors towards the nectar. New saplings emerge from seeds that escape predation by small mammals and birds. These seeds are scattered on the ground, forming communities of numerous daughter and granddaughter seedlings around the “mother tree.”

Figure 2. Florescência, Paubrasilia Project. Photo by José Diniz, 2023.

Pau-brasil is a tree in the legume family (Leguminosae, also known as Fabaceae), endemic to the Atlantic Forest. The evolutionary lineage of pau-brasil is ancient, developing in isolation from its close relatives between 50 and 45 million years ago during the Eocene (Gagnon et al. 2019). The species is therefore a survivor of the numerous climate changes that the planet has undergone. It is hypothesized that it was widely distributed along the Atlantic coast during the Last Glacial Maximum, adapting to dry soils and drier climates. During the transition from the Pleistocene to the Holocene, as the climate became warmer and more humid, the rainforest expanded to cover the entire Brazilian coast. Since then, pau-brasil has primarily inhabited relict forests, being restricted to the remaining fragments of seasonal forests in the coastal lowlands.

In 1785, the naturalist Lamarck identified the species as Caesalpinia echinata due to the spiny bark of the fruit. More recently, in 2016, the species was renamed and classified into a distinct genus: Paubrasilia echinata. Today, however, the term “pau-brasil” encompasses much more. Advanced genetic sequencing studies have revealed five currently recognized lineages, all of which occur throughout the Atlantic Forest: the Northeast pau-brasil, whose range extends from Rio Grande do Norte to Alagoas; the Southeast Rue-leaved pau-brasil, found exclusively in the state of Rio de Janeiro; the Coffee-leaved pau-brasil, characteristic of Espírito Santo; the Bahia Rue-leaved pau-brasil; and the Orange-leaved pau-brasil, native to southern Bahia (Rees et al. 2023).

Stengers (2013) suggests that naming something is not a neutral, purely descriptive, or linguistic process, but an act of power that reveals how we relate to the world. In science, politics, and everyday life, those who have the right to name also have the power to determine which stories and forms of knowledge are marginalized and rendered invisible in taxonomic practice. Therefore, redefining the ways in which we name things also implies rethinking the ways in which we relate to one another, in a manner that recognizes the diversity of perspectives and the coexistence of different forms of knowledge.

The first act of the Portuguese was to cut down a tree and plant a cross with it. This was followed by catechesis and the exploitation of pau-brasil, as well as the Indigenous people who felled and transported it. Various shades of red, purple, scarlet, and carmine were extracted from this valuable and rare dye—colors that symbolized the European clergy and nobility. However, red, the color of embers and Indigenous blood, also became a symbol of the violence that characterized the “Coast of Brazil,” or the color of the socio-environmental catastrophe that affected the Atlantic Forest and native peoples in 1500—a period that could be termed the “Rubrocene.”

Figure 3. Jornal do Brasil, Paubrasilia Project. Photo bt José Diniz, 2022.

But how was it possible to carry out such unprecedented exploitation of a previously unknown tree in the midst of one of the world’s most biodiverse forests? Europeans did not “discover” pau-brasil; they learned about the tree and its uses only through interacting with Indigenous peoples and appropriating their knowledge and practices. In reality, we know very little about this knowledge, which belongs to Indigenous peoples, both past and present. Although these stories were silenced, clues were left among the surviving materials so that one day they could be told from an Indigenous and counter-hegemonic perspective.

Archaeobotanical remains suggest that Indigenous peoples may have used the wood of pau-brasil as firewood and employed its ashes for dye extraction. Early travelers and chroniclers, such as Léry in 1578, report that the Tupí used pau-brasil in bonfires and for the manufacture of bows and clubs. They also used it to dye feathers and cotton fibers, as was the case with the cloaks of the Tupinambá.

The pau-brasil tree also makes music. Its wood has unique acoustic qualities, making it ideal for crafting violin bows. This development revolutionized European music in the eighteenth century. Classical music, previously confined to salons, reached the scale of grand concerts and orchestras, as did the pau-brasil. However, many musicians and bow makers are unaware of the origin of the wood used for making bows, nor that smuggling poses the greatest threat to pau-brasil’s survival today. The future of bow making and classical music is therefore linked to the future of this species, and vice versa.

Since the 1960s, various plans and initiatives have been implemented in Brazil to conserve the species, such as creating ecological reserves, planting saplings to reforest degraded areas, and establishing commercial plantations to produce bows. Nevertheless, considering extinction, conservation, and restoration in the context of sociodiversity requires investment in ecosystem relationships, territories, and diverse knowledge systems. The Atlantic Forest, pau-brasil and its associated species, traditional communities and family farmers, as well as researchers, musicians, artists, and bow makers can be powerful allies in this endeavor.

For example, this is what we learn from the “Avô da Mata” (Grandfather of the Forest), an ancient tree over 500 years old, which is rooted in land that was ravaged by colonial occupation. Its existence was kept secret by the family farmers of the Pau-brasil Settlement, a form of sustainable land use known as a Sustainable Development Project (PDS), for a long time, as they feared it would be cut down by loggers. Only recently has its story and location been widely publicized (Cardim 2018).

The Pau-brasil Settlement was formed by family farmers fighting for agrarian reform. It is located on a former cocoa plantation in southern Bahia, and its residents practice cabruca. This is an agroforestry system that provides a sustainable alternative to the production methods of the former “cocoa colonels.” These methods fell into crisis following the outbreak of the witches’ broom fungus in the 1990s.

In cabruca, cacao cultivation is integrated into the forest: native trees—many of which are endangered—provide the shade and moisture necessary for cacao trees to grow. The settlers also collect seeds to reforest degraded areas, including pau-brasil, jequitibá, jatobá, cedar, and copaiba, creating a living forest. It is a living example of how to cultivate multispecies alliances and bring other worlds to bloom amidst the ruins. Or, as an old Tupinambá said in a conversation with Léry, which took place over 400 years ago, about living and dying together:

Truly, continued the old man—who, as you will see, was no fool—I now see that you, the other maírs (French), are quite mad, for you cross the sea and endure great hardships, as you say when you arrive here, and you work so hard to amass wealth for your children or for those who survive you! Is the land that has fed you not enough to feed them as well? We have fathers, mothers, and children whom we love; but we are certain that after our death the land that has nourished us will also nourish them, so we rest without further worry. (Léry 1961)

Bibliografía

Cardim, Ricardo. 2018. Remanescentes da Mata Atlântica. São Paulo: Olhares.

Gagnon, Edeline, Jens J. Ringelberg, Anne Bruneau, Gwilym P. Lewis, and Colin E. Hughes. 2019. “Global Succulent Biome Phylogenetic Conservatism across the Pantropical Caesalpinia Group (Leguminosae).New Phytologist 222: 1994–2008.

Léry, Jean de. 1961. Viagem à Terra do Brasil. Translated by Sérgio Milliet. Rio de Janeiro: Biblioteca do Exército Editora.

Rees, Mathew, Linda E. Neaves, Gwilym P. Lewis, Haroldo C. de Lima, and Edeline Gagnon. 2023. “Phylogenomic and Morphological Data Reveal Hidden Patterns of Diversity in the National Tree of Brazil, Paubrasilia echinata.American Journal of Botany 110, no. 11: e16241.

Stengers, Isabelle. 2013. Une autre science est possible! Manifeste pour un ralentissement des sciences. Paris: Les Empêcheurs de penser en rond, La Découverte.