La Historia de la Humanidad Inscrita en los Cuerpos de los Árboles

From the Series: Futurismos amazónicos: Imaginarios más allá de lo humano

La historia de Kãyãdjua [The story of Kãyãdjua]. Foto de Liça Pataxoop, s. f.

(English translation below)

A partir de la década de 1980, para garantizar el respecto del principio de autodeterminación de los pueblos indígenas que habían optado por el aislamiento en la selva, Brasil promovió la “política de no contacto”. Se trata de un elaborado entramado de técnicas y métodos destinados a vigilar y proteger esos territorios indígenas de forma totalmente indirecta, sin forzar el contacto con las poblaciones aisladas. Sin embargo, la noción de “no contacto” no privilegió el estudio de campamentos abandonados o de piezas de cultura material, sino que convirtió a las plantas y árboles presentes en estos territorios en los objetos principales de investigación. Las evidencias del manejo forestal indígena, impresas en los troncos como cicatrices o cortes realizados para la extracción de fibras y resinas, así como las torceduras causadas por mano humana, están siendo rigurosamente registradas, analizadas y datadas.  Estos estudios permiten comprender las formas en que los pueblos indígenas aislados se relacionan con el bosque, a la vez que definen áreas de ocupación y reconstruyen un historial de movilidad. Esta mirada, propia de los “expertos del bosque”, que se dirige hacia la materialidad de los vestigios de la selva Amazónica, es importante para comprender la historia de muchas otras florestas de nuestro planeta.

La “ciência mateira”, es decir, la ciencia de los mateiros,  constituye un conjunto de conocimientos especializado,  que resultan de un íntimo contacto con los bosques. A través de la identificación e interpretación del material vegetal, tanto de los procesos de sucesión como del crecimiento de diferentes especies, los mateiros buscan comprender la interacción entre los seres y su entorno. Por lo tanto, se trata de una ciencia resultado de una construcción empírica de estos conocimientos, basada en la atención a las huellas como residuos de experiencias pasadas, a menudo imperceptibles para el ojo desatento, que busca tanto una comprensión del pasado de los bosques, cuanto de las comunidades humanas y no-humanas cuyas presencias quedan impresas en la celulosa y la lignina.

Si bien en las últimas décadas la arqueología amazónica nos ha sorprendido con fascinantes descubrimientos, que han cambiado radicalmente nuestra perspectiva sobre los pueblos que vivían estas regiones, tal vez ha llegado el momento de orientar parte de esta atención hacia los bosques, “monumentos vivos” que podrían tener mucho que decir sobre un pasado aún más lejano en la historia de la humanidad. Se trataría, por lo tanto, de redirigir nuestra mirada hacia el tiempo de los árboles y formular una “estratigrafía inversa”, que se desarrolla sobre el suelo en vez que bajo tierra.

Existen historias humanas, muy conocidas, contadas por los árboles. Los viejos pinos bunia (Araucaria bidwillii) de Australia, por ejemplo, llevan en sus troncos marcas muy antiguas que fueron dejadas por los aborígenes de la región: profundos surcos en la corteza usados para trepar y recoger sus enormes piñas. ¿Y qué decir de los baobabs de Madagascar? Como para los jatobá (Hymenaea courbaril) de los bosques brasileños, estos árboles han servido de lienzo para los pueblos que, durante cientos de años, han tallado su propia historia en la corteza y convirtieron los troncos en refugios.

Aún quedan las cicatrices producidas por la extracción de corteza usada para fabricar hilos, cuerdas para instrumentos musicales, sedales, cestas, redes y trampas. ¿Y las secuoyas gigantes de California o el ciprés de Tule en México, guardarán registros similares? Quizás no en las capas más superficiales de su corteza, como en los ejemplos anteriores, sino sedimentados en las profundidades de sus gigantescos troncos. Con toda seguridad, estos árboles guardan secretos milenarios sobre los pueblos indígenas de América con los que convivieron. Recientemente, investigadores brasileños descubrieron en el sur de Bahía, al noreste de Brasil, un ejemplar de pau-brasil (Paubrasilia echinata) de más de 600 años (véase Morim de Lima et al. en esta serie). ¿Cuáles secretos sobre el Sudamérica pre y poscolonial habrá escondido durante toda su vida solitaria?

Aunque parezcan meras especulaciones botánicas, producidas por “abstracciones silvestres”, estos mismos fenómenos, con frecuencia, se hacen visibles también en las ciudades o en paisajes bucólicos.

Los clavos prendidos en los árboles, al igual que los alambres y las cuerdas que sujetan sus troncos, durante el proceso de crecimiento y expansión son incorporados por los tejidos vegetales. A diferencia de lo que ocurre en los animales, estos elementos no son expulsados al exterior de los cuerpos vegetales, y es posible encontrar objetos inusuales que han sido parcialmente absorbidos por los árboles, como neumáticos, botellas, barras de hierro, vallas, bancas de parque e incluso bicicletas.

No hay duda de que la ciência mateira cumple su papel como herramienta central de una botánica forense, que responde a los innumerables ataques a los derechos de los pueblos originarios de América, como ocurrió recientemente con la tesis jurídica del “marco temporal” en Brasil y con tantas otras falacias oportunistas en todo el continente. La ciência mateira nos ayuda a esbozar las historias de los pueblos nativos contemporáneos gracias a los árboles con los que sus antepasados tuvieron relaciones profundas en cuanto “especies compañeras”, como diría Donna Haraway (2021).

Hoy sabemos que una parte fundamental de nuestra historia se escribió con el lenguaje vegetal de los grandes árboles, y por ello debemos asegurarnos de que resistan al Antropoceno. Permitámosles continuar su vida como viajeros del tiempo, y confiemos en que, a partir de ahora, registren una historia marcada por un cambio de paradigma en las relaciones entre humanos y no humanos. Una historia que cuente cómo nos hemos acercado a los bosques de este planeta y cómo, juntos, garantizamos la protección de la vida de los árboles, de los humanos, de los grandes animales y de todas las pequeñas cosas y seres que cohabitan este mundo.

Notas

1. El término “mateiro” (en portugués) se refiere a un experto forestal que, gracias a sus conocimientos empíricos, es capaz de leer e interpretar los indicios del bosque, incluyendo huellas, marcas en las plantas, patrones de crecimiento y rastros de presencia humana y no humana.

The History of Humanity is Inscribed in the Trunks of Trees

Starting in the 1980s, Brazil promoted the “no-contact policy” to ensure respect for the principle of self-determination of Indigenous peoples who had chosen to live in isolation in the jungle. This involved an intricate system of techniques and methods designed to monitor and protect these territories indirectly, without forcing contact with the isolated populations. However, the notion of “no contact” did not prioritize studying abandoned camps or cultural artifacts; rather, it made the plants and trees present in these territories the primary objects of research. Evidence of Indigenous forest management, such as scars or cuts made for the extraction of fibers and resins, as well as bends caused by human hands, is being rigorously recorded, analyzed, and dated. These studies enable us to understand how isolated Indigenous peoples interact with the forest, while also defining areas of occupation and reconstructing a history of mobility. This perspective, characteristic of the “forest experts,”1 which focuses on the material remains of the Amazon rainforest, is important for understanding the history of many other forests on our planet.

“Ciência mateira,” or the science of the mateiros is a specialized body of knowledge resulting from close contact with forests. By identifying and interpreting plant material, including succession processes and the growth of different species, the mateiros seek to understand the interaction between living beings and their environment. It is therefore a science based on the empirical construction of knowledge, paying close attention to traces of experiences that are often imperceptible to the inattentive eye, in order to understand both the past of the forests and the human and non-human communities whose presence is imprinted in cellulose and lignin.

While Amazonian archaeology has recently surprised us with fascinating discoveries that have radically changed our perspective on the peoples inhabiting these regions, perhaps it is time to turn some of this attention toward the forests. These “living monuments” may have much to tell us about an even more distant past in human history. This would involve shifting our focus to the era of the trees and formulating a “reverse stratigraphy,” which unfolds on the ground rather than beneath it.

Trees tell well-known human stories. Take the ancient bunia pines (Araucaria bidwillii) of Australia, for example. Marks left by Indigenous peoples in the region can be seen on their trunks in the form of deep grooves in the bark, which were used for climbing and harvesting their enormous cones. And what about the baobabs of Madagascar? Like the Brazilian forests’ jatobá trees (Hymenaea courbaril), these trees have served as a canvas for the people who have carved their history into the bark and used the trunks as shelters for hundreds of years.

Scars from the removal of bark—used to make thread, strings for musical instruments, fishing lines, baskets, nets, and traps—still remain. Do the giant sequoias of California or the Tule cypress in Mexico hold similar records? Perhaps not in the most superficial layers of their bark as in previous examples, but rather embedded deep within their gigantic trunks. Undoubtedly, these trees hold millennia-old secrets about the Indigenous peoples of the Americas with whom they coexisted. Recently, Brazilian researchers discovered a 600-year-old specimen of pau-brasil (Paubrasilia echinata) in southern Bahia in north-eastern Brazil (see Morim de Lima et al. in this series). What secrets about pre- and post-colonial South America has it kept hidden throughout its life in isolation?

Although they may seem like mere botanical speculations born of “wild abstractions,” these phenomena are often visible in urban and rural landscapes. Nails driven into trees, along with wires and ropes wrapped around their trunks, become incorporated into the plant tissue as the tree grows. Unlike in animals, these elements are not expelled from plant bodies. It is possible to find unusual objects that have been partially absorbed by trees, such as tires, bottles, iron bars, fences, park benches, and bicycles.

Material science undoubtedly fulfills its role as a central tool of forensic botany in responding to the countless attacks on the rights of Indigenous peoples in the Americas. This is evident in the recent legal thesis of the “temporal framework” in Brazil, as well as in many other opportunistic fallacies across the continent. Material science helps us to understand the history of contemporary Indigenous peoples thanks to the trees that their ancestors closely interacted with, or “companion species” as Donna Haraway (2021) would say.

We now know that a fundamental part of our history was written in the language of the great trees. For this reason, we must ensure that they survive the Anthropocene. Let us allow them to continue their lives as time travelers and trust that they will now record a history marked by a paradigm shift in relationships between humans and non-humans. This will be a history that shows how we have drawn closer to the forests of this planet, and how we have joined forces to protect the lives of trees, humans, large animals, and all the small creatures that share this world.

Notes

1. Mateiro (Portuguese) refers to a forest expert who, through empirical knowledge, is able to read and interpret the signs of the forest, including tracks, plant markings, growth patterns, and traces of human and non-human presence.

Bibliografía

Haraway, Donna J. 2003. The Companion Species Manifesto: Dogs, People, and Significant Otherness. Chicago: Prickly Paradigm Press.